Desde nuestra perspectiva, la comunicación de la CDR (Capture Dioxide Removal) en distintos contextos sociales, medios y redes, es crucial para el éxito o fracaso de la misma. El sexto capítulo del informe “The State of Carbon Dioxide Removal, 3rd Edition” muestra como la aceptación de la CDR depende de la justicia climática, confianza y beneficios locales, además de comprender el papel fundamental de la comunicación y transmisión correcta de la información para el progreso de la captura de dióxido de carbono atmosférico.
La importancia de las percepciones y comunicación
Leyendo este capítulo observamos el análisis de la captura de dióxido de carbono atmosférico en distintos contextos sociales y cómo se comunica en medios y redes. Parte de la idea de que, aunque la CDR ha ganado peso en informes científicos y debates de política, sigue siendo un tema poco conocido para la mayoría de la población, y que los marcos comunicativos actuales son a menudo confusos y mezclan tecnologías con implicaciones climáticas muy distintas. A lo largo del capítulo se combinan tres pilares: la literatura de ciencias sociales sobre aceptación de tecnologías energéticas y climáticas, nueva evidencia empírica sobre actitudes hacia métodos específicos de CDR y análisis de contenido y sentimiento en prensa y plataformas digitales.
Aceptación de la CDR y justicia climática
Aplicando marcos clásicos de aceptación social a la CDR, el capítulo muestra que las actitudes hacia estas tecnologías rara vez son un sí o un no rotundo. Suelen ser apoyos y rechazos condicionados a factores como costes y beneficios económicos directos, co‑beneficios ambientales y productivos, calidad de la gobernanza institucional y de proyecto, confianza en los actores implicados y valores más amplios sobre justicia climática y relación con la naturaleza. La evidencia empírica indica que las personas tienden a ver con mejores ojos aquellos métodos que aportan mejoras claras a su entorno inmediato —por ejemplo, restauración de turberas y humedales, sistemas agroforestales, prácticas de secuestro de carbono en suelos o biochar que mejora la fertilidad y la retención de agua—. En cambio, se muestra más escepticismo hacia opciones percibidas como muy tecnológicas o remotas, como la captura directa de aire (DACCS) o ciertas intervenciones marinas, sobre todo cuando no se explican bien sus beneficios locales, sus riesgos y su gobernanza.
El capítulo concede un papel central a la justicia. Subraya que trayectorias históricas de injusticia ambiental, racismo estructural, desposesión de tierras o proyectos mal gestionados condicionan profundamente la forma en que se reciben nuevas propuestas de CDR. En comunidades con experiencias de este tipo, la CDR puede ser percibida como una continuación de prácticas extractivas si se presenta como innovación que llega desde fuera sin participación real ni garantías de reparto justo de beneficios y riesgos. Por ello, los autores insisten en que la planificación de la CDR debe integrar desde el inicio una mirada cuidadosa a las desigualdades existentes, a los posibles impactos diferenciados y a los mecanismos para prevenir la repetición de injusticias pasadas, y que las ciencias sociales son imprescindibles para comprender y abordar estas cuestiones.
Procesos comunicativos y participación
Más allá de los mensajes, el capítulo propone orientaciones para el diseño de procesos comunicativos y participativos alrededor de proyectos de CDR. Recomienda elaborar materiales específicos para potenciales adoptantes —por ejemplo, agricultores— que expliquen qué implica aplicar prácticas de secuestro de carbono en suelos o biochar, qué requisitos técnicos y administrativos conllevan y cómo se monitorizan los resultados. También enfatiza la necesidad de procesos inclusivos de diálogo estructurado, que involucren a comunidades locales, organizaciones sociales y grupos históricamente marginados desde las etapas iniciales de planificación. La comunicación pública, señala, debería estar respaldada por señales políticas estables, justas y transparentes en forma de objetivos de remoción, criterios de calidad y salvaguardas, de manera que no se limite a campañas retóricas sino que refleje marcos regulatorios creíbles.
La CDR en la prensa escrita
Una parte sustantiva del capítulo se dedica a analizar la presencia de la CDR en la prensa utilizando búsquedas sistemáticas y clasificadores entrenados para identificar artículos y distinguir métodos. Los resultados muestran una trayectoria de aumento sostenido del número de artículos desde mediados de los años 2000, con picos en momentos como COP26 o la consolidación del lenguaje de “emisiones netas cero”. A partir de 2021, sin embargo, la cobertura específica de CDR cae de forma pronunciada, con descensos anuales en torno al 24%, superiores a la caída registrada en la cobertura general de clima. El análisis cualitativo de piezas de grandes diarios anglosajones revela que la mayoría de artículos reconocen la necesidad de seguir reduciendo emisiones y pocos presentan explícitamente la CDR como alternativa directa a la mitigación. No obstante, muchos recurren a marcos que describen métodos como “naturales” o “no naturales” y mezclan referencias a CDR con otras tecnologías como CCS fósil, offsets o geoingeniería, sin trazar una línea clara entre ellas. Esto contribuye a confundir qué se considera remoción duradera desde la atmósfera y puede facilitar que se legitimen prácticas con un valor climático mucho más limitado.
La CDR en redes sociales
El capítulo amplía el análisis a redes sociales retomando el trabajo previo sobre Twitter/X e incorporando datos de Reddit y Bluesky. La conversación digital sobre CDR aparece concentrada en unos pocos métodos —aforestación y reforestación, DACCS, BECCS, biochar y meteorización mejorada—, mientras que otros enfoques, como el hundimiento de biomasa, la fertilización oceánica o el almacenamiento directo en el océano, apenas se mencionan. El análisis de sentimiento refleja una mezcla de esperanza y curiosidad ante nuevas soluciones con escepticismo y preocupación por costes, impactos y justicia, especialmente en el caso de proyectos grandes y tecnológicamente complejos. En Reddit y Bluesky, la discusión tiende a ser más técnica y especializada, con fuerte presencia de científicos, activistas y profesionales del sector, lo que ofrece espacios útiles para profundizar debates pero mantiene la CDR como tema de nicho.

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